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Novaceno, la nueva edad de la hiperinteligencia artificial

José Hilario López

José Hilario López

En esta confusión que vivimos sobre el futuro de la vida en el planeta por causa de la crisis climática, ahora agravada con la pandemia del Coronavirus, llega un aliento esperanzador con el último libro de James Lovelock, el reconocido científico británico creador de la Hipótesis Gaia en 1979, titulado “Novacene. The Coming Age of Hiperintelligence” (todavía no traducido al español). Lovelock, ya centenario, abre una visión optimista para la vida en el planeta, contraria a lo que mostraba en 2008 en “La crisis climática y el fin de nuestra civilización”, con su apocalíptica sentencia: “Gaia deja así de comportarse como la buena madre y se convierte en una Gaia indignada y deseosa de venganza, ante la cual nada de lo que hagan las naciones servirá para nada”.

La Hipótesis Gaia postula que la vida en la biosfera fomenta y mantiene unas condiciones ambientales que favorecen y permiten su existencia, modelos que develan los mecanismos de autorregulación que afectan la temperatura global, la composición atmosférica, la salinidad de los océanos y otras muchas variables que, en conjunto, condicionan la vida en la Tierra. Estos mecanismos, de naturaleza homeostática, son los que permiten concebir a Gaia como un ser vivo.

Lovelock soporta su Hipótesis Gaia, entre otros, con los siguientes datos: El porcentaje de CO2 en la atmósfera de Venus y Marte, planetas próximos al Sol, es superior al 95%. Un porcentaje similar se tenía en la atmósfera de la Tierra, localizada entre los anteriores dos planetas, antes de la aparición aquí de la vida, pero gracias a la fotosíntesis de las plantas, el contenido de CO2 se redujo hasta un insignificante y testimonial 0,04%. En lo que respecta al oxígeno, la proporción es de sólo trazas en la atmósfera de Venus, de un 0,13% en la de Marte y en la Tierra primitiva era apenas de un 0,03%. Pero desde que apareció la vida en nuestro planeta, la proporción de oxígeno en su atmósfera subió hasta aproximadamente un 21%, y así se ha mantenido hasta hoy. La temperatura de la superficie de la Tierra en el tiempo geológico transcurrido desde la aparición de la vida se ha mantenido casi constante, a pesar del incremento de la energía recibida del Sol, que puede haber aumentado en los últimos tres millones de años en cerca de un 40%. Todo lo anterior muestra cómo la biosfera ha adecuado su composición y propiedades fundamentales hasta adaptarse a las necesidades de la vida, mostrando que Gaia es equiparable a un organismo vivo capaz de autorregularse.

Interesante y novedosa la historia de Gaia, que se inició hace 3.700 millones de años con la fotosíntesis en primitivos microrganismos que empezaron por  tomar la energía solar y el CO2 de la atmósfera liberando oxígeno, función esta que permitió en el proceso evolutivo el desarrollo de especies vegetales mayores y la aparición de la vida animal, y así se mantuvo básicamente hasta el inicio del Antropoceno, la era geológica que surgió en el Siglo XVIII con la máquina de vapor, la primera fuerza artificial creada por el hombre, un invento del ingeniero inglés Thomas Newcomen. A partir de ese momento la humanidad empezó a desarrollar el poder casi ilimitado de intervenir y aún de destruir los ecosistemas, y así llegamos al Novaceno con los ciborgs, las máquinas cibernéticas que pueden aprender de manera autónoma y que se rediseñan ellas mismas, capaces de convertir la energía solar en información, lo que se ha llamado la súper inteligencia artificial.

Así como Newcomen es el padre del Antropoceno, el surgimiento del Novaceno se debe al ingeniero italiano Guglielmo Marconi quien a principios del Siglo XX inventó y puso en funcionamiento el telégrafo inalámbrico, considerado como la primera tecnología informática, aunque es justo reconocer el fundamental aporte al desarrollo de la comunicación telefónica del ingeniero inglés, naturalizado estadounidense, Alexander Graham Bell.

Novaceno es la nueva estrategia evolutiva de Gaia para empezar a proteger la vida del planeta Tierra, para cuando el Sol llegue en unos pocos centenares de millones de años a convertirse en un Gigante Rojo, lo cual necesariamente incrementará la radiación y con ello la temperatura de nuestro planeta por encima de 500C, límite permisible para sostener la vida. La responsabilidad de mantener este balance es tarea de los humanos y de los ciborgs, organismos cibernéticos dotados de inteligencia intuitiva que se comunican entre sí de manera telepática, y que “piensan” a velocidades 10.000 superiores a como lo hacen los humanos. La función y reto principal de los ciborgs, en conjunción con los humanos, como parte de Gaia, es detener el incremento del calor generado que recibe la Tierra proveniente de la radiación solar, y con ello conservar la vida.

De ninguna manera, como algunos gurús de la futurología lo pronostican, los ciborgs serán una amenaza para los humanos; todo lo contrario, según lo anticipa Lovelock, ambos trabajarán de manera coordinada y complementaria en su objetivo común, mantener fría la atmósfera terrestre y para asegurar la convivencia pacífica, ahí está Gaia. Para este propósito, Lovelock propone explorar tecnologías, tales como instalar en la atmósfera terrestre gigantescos espejos reflectores de la radiación solar. Otras posibilidades serían esparcir agua de mar, para que las pequeñas partículas de sal sirvan como núcleos condensadores para producir nubes en el aire húmedo sobre la superficie de los océanos, que reflejen la luz del sol. Otros científicos han propuesto insertar un aerosol de ácido sulfúrico en la estratosfera, para que opere como un núcleo de condensación para las nubes. Todo esto se puede hacer ya con la tecnología disponible, pero los ciborgs lo hacen mejor, con mayor exactitud y mejor control.

El advenimiento de la inteligencia artificial y sus posibilidades ilimitadas es un hecho aceptado por la ciencia, pero Lovelock va más allá cuando reclama que la comprensión del universo y su cuidado es el verdadero propósito de la vida, y que los ciborgs son los encargados de ampliar la inteligencia humana para esta magna empresa. La Tierra ha permitido la aparición de los humanos como un primer paso en su ruta hacia su perfeccionamiento y para ello sus herederos, las maquinas inteligentes, guiarán el mundo hacia el autoconocimiento.

En este propósito y antes de que se consolide el Novaceno, tenemos que resignificar el desarrollo de nuestra civilización, basada en la acumulación y consumo desbordado de mercancías para usar una vez y desechar, que nos ha impuesto el capitalismo.  Es urgente detener la desforestación de nuestros bosques tropicales e iniciar planes masivos de reforestación para retener CO2, y así frenar el incremento de la temperatura atmosférica. Pero sobre todo, llegar en el corto plazo a una economía basada en energías cero emisiones de carbono, las llamadas energías renovables no convencionales.

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