Portal de empleo Sala de prensa Contáctenos Preguntas frecuentes
PSE   PSE Cómo llegar   Cómo llegar Llámanos   Llámanos Escríbenos   Escríbenos

 ¿Todo a Medias?

Por: Tomás Castrillón Oberndorfer 

Son muy conocidas las expresiones relacionadas con lo contenido parcialmente en un recipiente o un “vaso”, para dar a entender el estado del cumplimiento de cualquier tipo de realización o proceso, idealizados estos como el contenido dicho. Una frase se le atribuye a un personaje optimista que expresa: “¡Está medio lleno!”, mientras que en, las mismas circunstancias, un individuo pesimista, según se dice, se expresa diciendo: “¡Está medio vacío!”. Al respecto es muy conocida la expresión de que: “Un pesimista es un optimista bien informado” (¿?).

Pero, no faltan los peros, y, por ejemplo, en materia, de la realización de las obras públicas de infraestructura: ¿De qué clase de contenido del “vaso” se está tratando? Y además, ¿Es la mitad o el “medio lleno”, como el nefasto “miti-miti”, una medida aceptable? Claro que no, porque esta práctica entronizó en el medio el “¿Como voy yo?”. En suma: “Todo depende del contexto” como dicen ahora.

En otras palabras, recurriendo en parte a posiciones de índole bíblica, no son aceptables medidas que solo reflejan mediocridad, al presagiarles un mal final a los mediocres “tibios de corazón” que no asumen posiciones, sobre todo ante las crisis sociales como muy bien los representó “en su lugar” Dante. Se trata entonces de las mediocridades que se reflejan en las realizaciones “a medias”.

Es que, en la sola atención a los eventos, los acontecimientos, las necesidades y tantas otras carencias y/o limitaciones de la comunidad que, muchas veces con carácter de urgencia, requieren atención, mitigación y solución, debe buscarse llegar a la plena satisfacción y cumplimiento de las metas y los propósitos. Deben implementarse, entonces otro tipo de medidas o elementos de control y seguimiento que aseguren una mejor satisfacción de las necesidades y/o seguimiento y control de los desfases e incumplimientos, como las precedidas por el vocablo “casi” para reemplazar al “medio lleno” y el “medio vacío” por el “casi lleno” o el “casi vacío”, reconociendo la dificultad de llegar a las plenitudes. Evocando a Shakespeare, es tratar de llegar al “ser y tener”, en contraposición al “no ser y no tener”. Esto es especialmente crucial en lo que se refiere al desarrollo de las obras de infraestructura.

Es muy común, por ejemplo, en el caso de la inmovilidad creciente en las urbes y en las carreteras, debidas a la “casi” total incapacidad de las vías. Diariamente, al iniciar los noticieros, se habla de grandes congestiones en el transporte debidas al “alto flujo vehicular” (¿?), pero poco se menciona la “casi” inexistente capacidad de las vías. Los planes que algunas veces se elaboraron, en la práctica solo se realizaron “a medias”.

Otro caso ocurre en el país al llenarse de los denominados “Elefantes Blancos”, como el actualmente vigente en la Guajira del río Rancherías, debido a que el “vaso” del cumplimiento de los planes de desarrollo, está “casi vacío”, porque el “vaso” de las descomposiciones sociales se mantiene “casi lleno” gracias a la corrupción clientelista politiquera.

Y así por el estilo. Frecuentemente, se habla del incumplimiento de los contratos relacionados con las obras de infraestructura, en cuanto al desfase de los plazos para su ejecución y los presupuestos elaborados, debido a que se inician con grandes limitaciones como el no disponer de los diseños completos, aunque se llega a afirmar que están “casi” listos, cuando en realidad fueron ejecutados “a medias”.

En estas circunstancias, es claro que la labor de los entes de control debiera ser determinante, pero la realidad ha demostrado que no es así, porque, sus labores también, son muchas veces realizadas “a medias” o con el “vaso” de la corrupción “casi lleno” de arbitrariedad politiquera. Encuentran el “sucio en el ojo ajeno”, y arman persecuciones sesgadas que paralizan la realización de las obras, amparadas por alguna carencia contractual mínima, o el incumplimiento de algún inciso perdido en los anaqueles de la jurisprudencia leguleya.

Queda entonces, un último recurso consistente en la acción de los organismos que agrupan a los profesionales de la Arquitectura y la Ingeniería, para entrar a actuar como verdaderos “guardianes de la heredad”, quedando al respecto y ante las circunstancias actuales, la siguiente pregunta: ¿Están actuando también “a medias”?