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Entrevista a José Hilario López Agudelo: “Cada ser humano debe comprometerse con la salvación de los ecosistemas, y con ello de nuestra propia especie”

El ingeniero, escritor y divulgador científico José Hilario López Agudelo, distinguido por la SAI como Gran Maestro de la Ingeniería en 2009, es escéptico acerca de los compromisos asumidos por los países en las diferentes cumbres sobre el cambio climático, incluida la COP26, la más reciente, celebrada en Glasgow (Escocia, Reino Unido).

En su reciente libro “Ingeniería y ciencias de la vida”, editado en octubre de 2021 por el Centro Editorial de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, el ingeniero López expresa:

“La sostenibilidad, la descarbonización de la energía, el freno a la deforestación de los bosques tropicales, la recuperación de los suelos degradados por la erosión y el cambio de prácticas agrícolas tendientes a la eliminación de agroquímicos y plaguicidas, significan costos económicos que las empresas capitalistas difícilmente pueden asumir”

A lo que ahora agrega: “Ni los gobiernos de los países desarrollados estarían dispuestos a asumir el riesgo político, que los costos de la implementación de las acciones para mitigar el cambio climático significarían para la gobernabilidad de la nación que lo intente poner en práctica”.

Sin embargo, el ingeniero López se declara un optimista impenitente. Piensa que la investigación científica, el desarrollo de energías limpias, las pilas de combustible y la inteligencia artificial, pueden evitar un cataclismo planetario.

A propósito de su libro y sobre el Seminario Cambio Climático, Sostenibilidad y Medio Ambiente, que realizará la SAI los días 1, 2 y 3 de diciembre de 2021, sostuvimos el siguiente diálogo con el ingeniero López.

 – ¿Qué nos deja la Cumbre de Glasgow que acaba de finalizar?

-Promesas de los países desarrollados, que son los mayores responsables del cambio climático. Promesas que son difíciles de implementar. Como se vio con el Protocolo de Kioto de 1997 y con el COP 21 de Paris de 2016.

– ¿Por qué sólo promesas?

– Imaginemos un país como los Estados Unidos.  El presidente Biden se comprometió en Glasgow con la reducción en 1,5 °C en el incremento de la temperatura, con referencia de los niveles preindustriales. Esto conllevaría una disminución del 11.9% del PIB del país y que cada ciudadano norteamericano reduciría sus ingresos anuales en 11.000 dólares.  Eso sería un suicidio político para el gobierno demócrata, que el Congreso de ese país no lo aceptaría. Por otro aspecto, cualquier acuerdo de reducción de gases de efecto invernadero (GEI) que los comprometiera, contaría con la abierta oposición de Arabia Saudita e India, grandes productores de combustibles fósiles, tal como se dio en Glasgow. Recordemos lo que le pasó hace dos años al presidente Macron en Francia, con las protestas de los chalecos amarillos: un ligero aumento de los precios de la gasolina, orientado a reducir consumos, casi lo tumba. De manera que es muy difícil, desde el punto de vista político, materializar las promesas de reducción de los GEI que han hecho los países desarrollados.

– ¿Es una pérdida de tiempo la celebración de estas cumbres climáticas?

-Ciertamente se han hecho unas declaraciones, que se supondría bien intencionadas, pero de ahí a llegar a resultados tangibles, es muy difícil de lograrlo, por el problema político que se les crea a los países a causa del cuantioso gasto público que implica el cumplimiento de los referidos compromisos. La recomendación, y en eso coincido con el Grupo de Copenhague, es invertir en investigación sobre las energías renovables no convencionales (ERNC) y en el desarrollo de las pilas de hidrógeno o pilas de combustible, entre otras acciones. No quiere esto decir que las declaraciones y las buenas intenciones sean vanas, pero no creo que de ellas se deriven acciones concretas, porque desde la Cumbre de la Tierra Río de Janeiro, en 1992, se están haciendo promesas. Necesitamos resultados. El llamado de la comunidad científica es a trabajar en investigación, en el desarrollo de la economía verde, en las baterías de energía, en las pilas de hidrógeno. Lo otro son promesas que políticamente a ningún país del hemisferio norte le queda fácil implementar, ni mucho menos a los países del mundo no desarrollado. No soy pesimista, ni negacionista, soy un hombre que tiene esperanzas en que con la ciencia y con el manifiesto compromiso de los jóvenes, podemos salvar los ecosistemas y, con ello, la especie humana.

– Usted ha llamado la atención en algunos artículos sobre varias amenazas para el clima del planeta, como el derretimiento del permafrost en el Ártico. ¿Qué puede decir a este respecto?

– Antes de la última glaciación, que comenzó hace unos 110.000 años y terminó hace unos 11.000 años, cuando se inició el Neolítico, en el Ártico se tenía un clima templado con abundante y variada vegetación, materia orgánica que quedó sepultada por el hielo.  Cuando la materia orgánica se descompone en un medio sin oxígeno, produce anhídrido carbónico (CO2) y metano (CH4). Según los estudios disponibles, en el permafrost hay cerca de 1,5 billones de toneladas de CO2 y CH4 sepultadas por el hielo, el doble del carbono que actualmente se encuentra en la atmósfera. El aumento de las temperaturas en el Ártico por razón del calentamiento global libera los gases atrapados por el hielo, gases que aumentan la temperatura de la atmósfera, acelerando el derretimiento del permafrost y dando lugar a un proceso que se retroalimenta. Esto es algo de crucial importancia que hace falta estudiar en profundidad. Hablamos de los carros eléctricos, de prohibir el uso del carbón y del petróleo, pero de este tema tan importante, pareciera que sólo es materia de estudio para los geólogos. Adjunto a estas líneas, dejaré un mapa actualizado que muestra la extensión del permafrost en el Ártico.

«Antes de la última glaciación, que comenzó hace unos 110.000 años y terminó hace unos 11.000 años, cuando se inició el Neolítico, en el Ártico se tenía un clima templado con abundante y variada vegetación, materia orgánica que quedó sepultada por el hielo.  Cuando la materia orgánica se descompone en un medio sin oxígeno, produce anhídrido carbónico (CO2) y metano (CH4). Según los estudios disponibles, en el permafrost hay cerca de 1,5 billones de toneladas de CO2 y CH4 sepultadas por el hielo, el doble del carbono que actualmente se encuentra en la atmósfera»

– También usted advierte sobre la incidencia que la erosión de los suelos y la destrucción de los bosques tropicales tienen en el calentamiento global.

– Así es. El doctor Thomas Held, profesor de la Universidad de Princeton, reconocido mundialmente como el “Einstein de la hidrología”, ha alertado sobre cómo el incremento de la intensidad de las lluvias, es decir la cantidad de agua que cae por unidad de tiempo, a causa del cambio climático, es cada vez mayor. A medida que se calienta la atmósfera, el vapor de agua llega a las nubes cada vez más caliente, lo que acelera las precipitaciones. Por eso cada vez la intensidad de las lluvias se incrementa, lo cual, sumado a la deforestación, genera una erosión acelerada de los suelos, sobre todo en nuestras regiones tropicales andinas. Los materiales que se liberan de las capas superiores del terreno, mediante el proceso que llamamos denudación, van a precipitarse a los embalses artificiales o en los lagos y lagunas naturales, y finalmente en el mar, junto con la materia orgánica que acompaña al sedimento denudado. En estos reservorios y en el mar la materia orgánica se descompone en condiciones anaeróbicas (sin oxígeno), produciendo, entre otros, CO2 y CH4. Y el metano es 35 veces más activo en el calentamiento global que el mismo CO2. Una situación gravísima que debería merecer toda la atención de nuestros gobiernos y universidades, para empezar a investigar y a trabajar en planes de control de erosión de nuestras subcuencas andinas: La microcuenca Magdalena – Cauca es una de las regiones más afectadas por la erosión en el mundo

– Gravedad que se acentúa con la deforestación…

-En efecto, sobre todo en los países tropicales, en nuestra Amazonía, donde se sufre un devastador proceso de deforestación para expandir el hato ganadero, para siembra de soya, palma africana, cultivos ilícitos y minería ilegal. Esto ayuda a que aumente la generación de metano y a la disminución de la captura de CO2, lo que se traduce en más calentamiento global y más calentamiento global significa más intensas lluvias. Son procesos que se aceleran, con un fenómeno tras el otro.

– También llama usted la atención sobre la acidificación de los mares…

– Muchos ecólogos en el mundo están hoy más preocupados por acidificación de las aguas del mar, que por el calentamiento global. Un proceso que consideran de la mayor gravedad, porque las aguas del mar absorben CO2, aunque afortunadamente para la atmósfera, pero que acidifica las aguas, y con ello afecta la vida de las especies marinas.

– Señala usted en su libro “Ingeniería y ciencias de la vida” que el consumo desmedido de los países desarrollados es uno de los activadores de varios males, entre ellos el cambio climático…

-La deforestación acelerada e incontenible de la selva amazónica se está utilizando, como ya dije, para la expansión de hato ganadero y para sembrar soya, palma africana y cultivos ilícitos, a lo cual se suma la minería ilegal. Eso es de suma gravedad. Lo mismo había estado ocurriendo en el sureste asiático, pero allá han obtenido una eficiente ayuda internacional. Indonesia, por ejemplo, ha logrado que la Unión Europea restrinja o prohíba el consumo de la carne vacuna, de soya y de aceite de palma africana, provenientes de la deforestación de los bosques tropicales en ese país, es algo que Colombia podría también hacer. Si se sabe pedir ayuda, con seriedad, los países ricos nos pueden ayudar. Este no es un problema sólo de Colombia, es un problema mundial. El ganado contamina más que los carros con motor de combustión interna. El ganado vacuno es un gran liberador de metano a la atmósfera, por razón de su digestión  rumiante. Sobre todo, porque para expandir el hato ganadero se está destruyendo la selva tropical.

«Si se sabe pedir ayuda, con seriedad, los países ricos nos pueden ayudar. Este no es un problema sólo de Colombia, es un problema mundial. El ganado contamina más que los carros con motor de combustión interna. El ganado vacuno es un gran liberador de metano a la atmósfera, por razón de su digestión  rumiante. Sobre todo, porque para expandir el hato ganadero se está destruyendo la selva tropical»

– ¿Culpa usted al capitalismo?

-El capitalismo, como sistema de acumulación de riqueza, agudizado con el advenimiento del neoliberalismo, conduce a la destrucción del planeta. Enrique Dussel, quizás el filósofo vivo más importante de la actualidad, de origen argentino y radicado en México, y el Club de Budapest, fundado por Ervin Laszlo, han desarrollado el concepto conocido como “Resignificación del Desarrollo”, lo que ha permitido a los científicos sociales chilenos Manfred Max-Neef y Antonio Elizalde proponer lo que han denominado “Un desarrollo a escala humana”. Hay que repensar el desarrollo, resignificarlo. Una sociedad consumista, empeñada en explotar al máximo los recursos naturales, que yo no llamo recursos sino bienes naturales, no tiene posibilidades de convivir con un sistema sustentable.  El capitalismo es el virus del planeta, hemos dicho algunos, pero esto no quiere decir que vamos a acabar con el capitalismo, sino que hay que ayudarle al capitalismo a que se salve a sí mismo.

– ¿De qué forma las actuaciones individuales pueden salvar al planeta?

-Las acciones individuales no son despreciables. Cada uno de nosotros, hoy, así como las generaciones futuras, deben darle un nuevo sentido a la vida y al consumismo. Hoy tenemos muchos satisfactores falsos, como las modas, los viajes permanentes, el gasto en cohetes para ir a la Luna y a los planetas más cercanos a la Tierra, o a ver si hay vestigios de agua en Marte, en lugar de averiguar ¡si todavía queda vida inteligente en la Tierra! Creo que la Inteligencia Artificial nos va a ayudar a encontrar respuestas a tanta necesidad falsa o creada por el neoliberalismo consumista. Hay gente en el barrio Laureles de Medellín que, para comprar buñuelos,  prende el carro  para ir hasta Envigado, donde disque venden los mejores buñuelos. En Ciudad de México en algunas colonias, así llaman allá a los barrios,  se encuentra de todo, así la gente no necesita movilizarse largas distancias para ir a buscar cosas elementales y/o superfluas. Cambiar los hábitos de consumo necesariamente es una cultura que debe imponerse en la humanidad, o si no, hay que apagar y vámonos.

– ¿Qué se puede hacer desde la Academia y la Intelectualidad para la divulgación y concientización sobre estos temas?

-Hay mucho conocimiento en el mundo, gran parte del cual, según el pensador francés Jean- Françoise Revel, puede ser clasificado como conocimiento inútil. En mi libro “Ingeniería y ciencias de la vida” planteo la necesidad de la reeducación para los ingenieros, la ingeniería de los sistemas. No se trata sólo de formar ingenieros para construir obras seguras: edificios, puentes, túneles y carreteras. Se requiere mucho más:  hay que formar un profesional empeñado y comprometido con la defensa de los ecosistemas y de la vida. Nosotros somos la vida. Hay que replantear la formación del nuevo profesional colombiano.  Eso lo estamos trabajando. Ojalá con la Facultad de Minas, donde con la decana Verónica Botero estamos entusiasmados en ver cómo institucionalizar la cátedra Ingeniería de los Ecosistemas, para formar un nuevo profesional comprometido. Pero esto no sólo es un tema de ingenieros. Cada ser humano del planeta debe estar comprometido con la defensa y protección de los ecosistemas. ¡Hay que salvar los ecosistemas para salvar nuestra especie! Y con esto todos deberíamos estar absolutamente comprometidos.

– ¿Es usted optimista o pesimista frente a los escenarios que se nos presentan de cara al futuro?

-El año antepasado el científico inglés James Lovelock, en su libro “Novacene. The Coming Age of Hiperintelligence”, insiste en que GAIA, nuestra Madre Naturaleza, tiene mecanismos propios para defenderse, y que la Inteligencia Artificial es la nueva ciencia que hay que impulsar para salvar la vida en el planeta.  Esto es lo que debemos apoyar. Yo soy un convencido, sin ser un especialista en estas tecnologías, de que la Inteligencia Artificial salvará la vida en el planeta, puede que a los humanos no, pero el planeta seguirá existiendo, quizás con nuevas formas de vida. Hay que apoyar y creer en la ciencia; este es el llamado del Grupo de Copenhague,  en lugar de distraernos entre tantos discursos de tinte diplomático, que los gobiernos no pueden cumplir. Invirtamos en investigación, en energías verdes para evitar la aceleración del calentamiento del planeta. Para todo eso hay que apoyar la investigación científica. En esto soy un optimista. La ciencia lo puede lograr.  Lo que acaba de ocurrir con las vacunas contra el Covid es una demostración de ello. Ha sido maravilloso, portentoso, ¿cómo es que, en menos de un año, tuvimos vacunas que han salvado en todo el mundo a una gran cantidad de personas de la muerte a causa del mortal virus?

«Yo soy un convencido, sin ser un especialista en estas tecnologías, de que la Inteligencia Artificial salvará la vida en el planeta, puede que a los humanos no, pero el planeta seguirá existiendo, quizás con nuevas formas de vida. Hay que apoyar y creer en la ciencia; este es el llamado del Grupo de Copenhague:  en lugar de distraernos entre tantos discursos de tinte diplomático, que los gobiernos no pueden cumplir. Invirtamos en investigación, en energías verdes para evitar la aceleración del calentamiento del planeta»

– ¿Lo estamos haciendo bien Colombia en materia de calentamiento global y cuidado del medio ambiente?

-Es muy difícil hacerlo solos.  Necesitamos la ayuda internacional. Debemos evitar la destrucción de la selva amazónica, sólo para satisfacer el consumo aditivo de los países ricos.  Apoyemos el proyecto que tiene la Universidad Nacional – Sede Medellín, en asocio con la Universidad de Antioquia y la Universidad Pontifica Bolivariana, para la producción de metano sintético, un combustible equiparable al gas natural, “el príncipe de los combustibles fósiles”, que va a ser el energético requerido para la transición hacia las energías renovables no convencionales. No vamos a llegar a las ERNC de un momento para otro. El metano va a ser el combustible esencial para esta transición y hay que apoyar iniciativas como la que está adelantando la academia antioqueña. Hay que impedir que prosperen las amenazas contra Hidroituango, provenientes de algunas fuerzas abiertas y oscuras, la mayor fuente de energía limpia que estamos próximos a poner en operación. El presidente Duque ha tratado de hacer esfuerzos para impulsar algunas iniciativas en pro de la lucha contra el calentamiento global, pero sólo no puede. Este no es un problema de un gobierno, o solo de Colombia. Es un tema de toda la humanidad.  Tenemos que seguir siendo optimistas, apoyar la investigación y, sobre todo, cada uno de nosotros tiene que comenzar a comprometerse con un consumo para la vida, que es aquel que satisface las necesidades básicas para conservar los ecosistemas,  no con falsos satisfactores, que nos quiere imponer el neoliberalismo. Tenemos que cambiar nuestros hábitos de vida.

Mapa de ubicación del permafrost (zona marcadas en azul), que al derretirse libera grandes cantidades de CO2 y metano a la atmósfera

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