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ANTECEDENTES 

Cuando de manera desprevenida se lee el diario acontecer de nuestros días podríamos pensar que la comunidad percibe que la batalla con la naturaleza, que la ingeniería debe dar para proveer un entorno físico seguro y confortable, se está perdiendo. Son ya varios los ejemplos en los que la naturaleza reclama violentamente sus espacios generando con ello grandes pérdidas económicas. Para la comunidad en general son solo obras mal ejecutadas y si a lo anterior le sumamos las constantes denuncias de los medios de comunicación sobre la forma, poco clara, como se adjudicaron algunos grandes contratos, el panorama para la ingeniería, y lo que ella representa, es cada día más sombrío.

La ingeniería de consulta, que hace parte del proceso de proveer al hombre de las obras que necesita, está llamada, al igual que los demás actores, a estudiar la problemática y a proponer soluciones. De hecho esa es la esencia de su quehacer.

En la práctica de la Administración se suelen definir tres pilares fundamentales para su buen desarrollo a saber: Eficiencia, Eficacia y Efectividad: las “tres E”. Sin pretender profundizar en el significado y campo de acción que implica cada una de ellas, hay que tener cuidado porque algunas veces se reemplaza la Eficacia por la Economía. Semántica dirán algunos, pero, “no temáis”, los abundantes “gurús” se deshacen en largas peroratas para mostrar el significado de cada una de las palabras.

Los gringos definen “tres E” para muchas actividades como: la seguridad en las vías, la lucha contra los incendios, el liderazgo, la administración y en fin para toda clase de actividades.
Pero en el desarrollo de las obras de infraestructura también aparecen variaciones de las “tres E” y se habla de: Engineering, Education y Enforcement a la manera de los gringos.

La realidad es que en todo proceso aparecen, por lo menos, las “tres E”. Tratando del desarrollo del ser humano tendría que ser en orden de importancia: Education, Engineering and Enforcement.

La profunda creencia de Bacon en las posibilidades de la mente humana como principio fundante de todo conocimiento, sostuvo que reclamar nuestro poder para entender la naturaleza es un verdadero don de Dios.

En nuestra pasada columna, guiados por el libro “Una historia de la verdad en occidente” del Profesor Mauricio Nieto, habíamos llegado hasta Francis Bacon quien con obra “Novum organum” buscó definir las reglas para interpretar la naturaleza, en un gran intento por establecer una nueva lógica, lo que se conoce como el empirismo anglosajón, una afirmación del método inductivo, el conocimiento que va de lo particular a lo general, en oposición al método deductivo (de lo general y abstracto, a lo particular).

No obstante la profunda creencia de Bacon en las posibilidades de la mente humana como principio fundante de todo conocimiento, sostuvo que reclamar nuestro poder para entender la naturaleza es un verdadero don de Dios. Este principio mantenido por Isaac Newton (1642-1727), el más destacado exponente de la ciencia moderna, es una muestra más de la imposibilidad de separar ciencia y religión, quien sostuvo que Dios se revela en dos “libros”, su palabra y su obra. Con este principio llegamos a lo que creo interpretar trata de dilucidar la obra del Profesor Nieto, a saber: es perfectamente posible ser, al mismo tiempo, un hombre de fe y un hombre de ciencia.

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