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Por: Tomás Castrillón Oberndorfer

El colapso del Viaducto en construcción, localizado en el sitio de Chirajara, dio origen a unas declaraciones, de la clase dirigente relacionada con el tema, que constituyen un verdadero “tapen tapen”, como ha venido sucediendo desde hace muchos años, a raíz de tantos desastres que se presentan en las obras de infraestructura. Bastaría recordar que el caso “no es fortuito ni aislado” como afirmó un encopetado dirigente gremial, y con la afirmación: tranquilos está “todo asegurado”, los responsables asumen la actitud “del gato” y por eso es que casi “nunca se llega a las últimas consecuencias”.


Sin conocer los detalles técnicos, hay que afirmar rotundamente que: ¡Claro que existen causas! las cuales pueden calificarse en dos tipos, a saber: Causas Lejanas y Causas Actuales.


CAUSAS LEJANAS. Hay que remontarse a la segunda mitad del siglo pasado. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, ante la necesidad de reconstruir a Europa, era necesario volver a desarrollar la infraestructura vial, incluyendo los puentes destruidos por los bombardeos aéreos. Fue así como se fueron desarrollando nuevos métodos de construcción, y tanto las técnicas de diseño como las constructivas tuvieron un gran desarrollo. Se desarrollaron nuevos métodos como el de los voladizos sucesivos, el lanzamiento por incrementos y los puentes atirantados.


Simultáneamente, ocurrió otro fenómeno: A mediados del siglo pasado la duración de las carreras de Ingeniería Civil era de 6 años. Luego de superar los cursos de Resistencia de Materiales, Análisis Estructural, Concreto Reforzado y Estructuras de Acero y Madera, se tenían al final de la carrera DOS semestres dedicados al diseño de Puentes. Se consideraban los puentes de “grandes luces” constituidos por arcos y puentes colgantes. Eran de obligatoria consulta los clásicos de Pugsley y Steinman sobre puentes colgantes y la obra de Mörsch para puentes en arco. Se consideraban como “textos”, la obra de los ingleses Legat, Dunn y Fairhurst, lo mismo que la de los americanos Taylor, Thompson y Smulski.


Estos cursos, en lugar de actualizarse teniendo en cuenta lo que estaba sucediendo en el mundo, desaparecieron, y la duración de la carrera fue disminuyendo cada vez más, eliminando materias fundamentales para la formación de los nuevos profesionales.


Mientras en el mundo se evolucionaba técnicamente en la construcción de puentes, a nivel de la educación superior, el País entró, en esta materia, en una especie de “oscurantismo” técnico.


Vale la pena recordar la opinión del muy reconocido constructor internacional de puentes T.Y. Lin cuando afirmaba, a finales del siglo pasado, que las transformaciones que estaba sufriendo la construcción de puentes, no permitían preparar bien a los ingenieros en 5 años y proponía ampliar la duración de las carreras a 6 o 7 años, para que en dicha formación de los ingenieros pudieran incluirse tantos aspectos como los sociales, los legales, y, de la mayor importancia, los estéticos.


LAS CAUSAS ACTUALES. Tiene que ver con la falta de control y rigor, en el desarrollo de todas las actividades relacionadas con el desarrollo de la Ingeniería de puentes. Antes del advenimiento de los computadores, se era muy riguroso en efectuar todas las verificaciones a las diversas etapas de análisis, diseño y construcción, lo que exigía un gran trabajo, ¡pero se hacían!


Lo común era que en los planos de construcción aparecían múltiples casillas denominadas como: “Calculó, Revisó. Dibujó, Aprobó, Presentó, etc.”. Y en cada una de estas casillas debía aparecer la firma responsable de personal debidamente capacitado. En una acreditada firma de consulta de la época, se hablaba de la revisión con base en lápices de cuatro colores: Rojo, amarillo, azul y verde. Esta metodología en buena parte ha ido despareciendo.


Fuera de lo anterior, se han ido diluyendo las responsabilidades, y aparecen émulos del Pibe Valderrama en eso de “pasarse el balón”. Bastaría recordar el caso de los Curadores. A propósito, el caso de los edificios de CDO y los de Cartagena, más los que faltan por destapar por doquier ¿Serán también “fortuitos y aislados”?


Volviendo a Chirajara son muy preocupantes algunas afirmaciones de algunos funcionarios al afirmar que no hay ningún problema, porque la responsabilidad es del Concesionario (¿?).Las preguntas obvias son: Todos los QUIÉNES: ¿Quién revisa?, ¿Quién aprueba? Y así por el estilo.


Sea lo que sea, la obra, si se reanuda, no estará lista antes de dos años y ¿Entonces?

NOTA: Los artículos de nuestros socios son apreciaciones de carácter personal y no siempre es necesariamente la opinión de la SAI como gremio.

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