La SAI propone

Por: Tomás Castrillón Oberndorfer

Es muy conocida la fábula, o proverbio, que, en el idioma inglés, empieza por la frase: “For want of a nail...”, atribuida a Benjamín Franklin, aunque hay referencias que sitúan su origen muchos siglos antes.

Muy gráficamente, el refrán empieza con: “Por culpa de un clavo se pierde la herradura”, para seguir describiendo como, por dicha causa, se pierde un caballo, luego se pierde un jinete y también un mensaje, y que, en consecuencia, se pierden una batalla y al final un reino.
Se manifiesta, en la red, con referencia a este proverbio, que: “Se puede aplicar en las administraciones de proyectos y la atención a los detalles del trabajo en grupo, calidad de servicio, etc. Es una versión dramática de lo que puede suceder en una organización, cuando se les escapa un pequeño detalle HACIENDO DE UN PROYECTO GRANDIOSO, UN ROTUNDO FRACASO”.
Llegó a considerarse durante la Segunda Guerra Mundial, como un mensaje de alerta en las oficinas de logística de los aliados.

Esta inquietud surge a raíz de las dificultades que han surgido en el proyecto de Hidroituango, manifestando que se tienen los más fervientes deseos que no se llegue a “un rotundo fracaso”.
Hay que afinar los procesos de control y revisión, para evitar, utilizando siempre un riguroso cálculo del “Riesgo calculado”, la presencia de la Ley de Murphy, y así evitar la ocurrencia de casos de índole similar como el puente en Chirajara y la planta PTAR, y tantos otros, de actualidad.
En el caso de Hidrotiuango, ciertamente es muy claro que la primera prioridad es la de proteger “la vida, honra y bienes” de toda la comunidad que pueda resultar afectada en caso de un desenlace trágico. Y en esto, hay que reconocer la gran actividad que han desplegado todos los organismos involucrados. Pero no es claro el porqué, al mismo tiempo, no se emprendan las investigaciones necesarias para determinar las causas y las responsabilidades que han llevado a la situación actual.

Según el Principio de la Causalidad, existen muchas causas previsibles y también las imprevisibles o debidas a los “Acts of God” de los gringos. No son ´válidas justificaciones como las simplistas: “Se nos apareció una falla”, o “fue que tuvimos un invierno muy fuerte” y así por el estilo. Existen otras, previsibles, claro, pero que llevan a la explicación muy lamentable de que: “En algún momento, de alguna manera, alguien cometió un error”. Esto hay que dilucidarlo cuanto antes, “mientras las pruebas estén frescas”, como dirían algunos juristas.

Hay muchos posibles factores que tienen que estar sujetos a continuos seguimientos y revisiones, como el de las adjudicaciones de los contratos. Se ha confundido “el más conveniente” con el “más barato”, de lo que pueden dar fe muchos contratistas. En repetidas ocasiones, se ha manifestado que, es casi imposible tratar de explicar a un contralor, el porqué no se le adjudica un contrato a la propuesta “más barata” a pesar de que se demuestre la incapacidad de cumplir con tales propuestas. Y Claro, vienen las sanciones injustas, que para eso siempre están listos. Apropósito, hay que reconocer la falta que hace el “Control previo” de otrora, ¿Quién lo quitó?
También influye el hecho de que se emprendan procesos licitatorios sin tener los diseños completos, basados en lo que eufemísticamente han llamado “diseños conceptuales” (si mucho están en Fase II) y surgen entonces los “necesarios” cambios de diseño, en lo cual han demostrado ser muy duchos y de gran experticia algunas firmas extranjeras, que “vienen a hacer la América”.
Otro hecho que debe estar en permanente revisión, es el de la idoneidad del personal que maneja los procesos de revisión y adjudicación que abarcan todas las fases del desarrollo de un proyecto. Es claro que, esta circunstancia tiene mucho que ver con la formación, que se obtiene en la educación superior, que también debe someterse a una revisión drástica.

Mucho más cuestionado ha sido el hecho de que la Ingeniería ha sido desplazada de muchos cargos de la responsabilidad decisoria de hechos fundamentales.
A los factores ya mencionados, habría que agregarles la politiquería y la nefasta muestra de la corrupción: el “C. V. Y”.

Normalmente, no se trata de solamente “un clavo”, sino que aparece una combinación de factores y decisiones adversas, que pueden minimizarse si se ajustan y mejoran todos los factores de revisión, y que se adopten verdaderos estándares y criterios de acuerdo con la buen a práctica.
Evaluaciones de este tipo, podrían adelantarse a medida que se atiendan también las prioridades que favorezcan a la comunidad.

NOTA: Los artículos de nuestros socios son apreciaciones de carácter personal y no siempre es la opinión de la SAI como gremio.

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