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ARQUEOLOGÍA

¿lastre para las obras? 

Por: Danilo Fernando Córdoba Quiceno

Ingeniero Civil & Empresario & Ciudadano

Hemos aprendido que no podemos atropellar la historia y “borrar” todo vestigio de civilización antigua (¡sí! Como suena, civilización) cuando ejecutamos nuestras obras.

Este reconocimiento maravilloso de nuestra historia debe darse y forma parte de las responsabilidades que todos tenemos que asumir:

Arqueología (acepción alguna, versión Google):
Ciencia que estudia, describe e interpreta las civilizaciones antiguas a través de los monumentos, las obras de arte, los utensilios y los documentos que de ellas se han conservado hasta la actualidad.

SIN EMBARGO (no todo es perfecto), caímos en la trampa de delegar la responsabilidad del “sondeo” (espero haber utilizado bien el término) al constructor de las obras.

Es decir, la investigación se realiza cuando tenemos un ejército conformado por ingenieros, arquitectos, obreros, máquinas y herramientas que a una “cuota” mensual, por un determinado número de meses, o en algunos casos años, de suspensión, da un valor que nunca está previsto en los presupuestos y que siempre aparece bajo el rubro de EXTRACOSTOS.

No pienso entrar en la discusión de lo previsible y lo imprevisible.

Si la arqueología es tan importante como se promulga en los pliegos o términos de referencia, ¿porqué no existe una entidad que de acuerdo con la PLANIFICACIÓN DE LAS OBRAS (mmm…) vaya realizando los trabajos de campo y SOLO, repito, SOLO cuando tengamos cierto nivel de certeza, o de incertidumbre controlada, como la quieran llamar, contratemos el ejército de personas y máquinas antes mencionado?

¿Cuánto dinero nos ahorraríamos?

Otro aspecto que es importante abordar, radica en la racionalidad de los investigadores contratados (me voy a meter en camisa de once varas). No todo vestigio de arcilla conlleva la existencia de un asentamiento antiguo.

En otro escrito mencioné la palabra sostenibilidad:

Desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social.

Este maravilloso equilibrio inestable, difícil de mantener, sostiene una lucha permanente cuando encontramos puristas que consideran que el desarrollo, y por ende las obras asociadas, es la madre de todos los males, y hacen hasta lo imposible por torpedear los proyectos.

Nuestras abuelas, muy sabias por cierto, decían: “Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”.


¿Cómo estamos planeando las obras?

¿Cómo estamos preparando a nuestros profesionales?

¿Hasta cuándo vamos a seguir teniendo extra costos por este concepto?

 

¿Más burocracia?, no creo. Considero que la registradora de los proyectos suspendidos cubre con creces esta entidad y permitiría realizar una labor más eficiente.

NOTA: Los artículos de nuestros socios son apreciaciones de carácter personal y no siempre es la opinión de la SAI como gremio.

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