La SAI propone

Por: Tomás Castrillón Oberndorfer

Desde los albores de la Historia, el ser humano ha empleado los diversos métodos de construcción, según las posibilidades a su alcance, para tratar de mejorar su hábitat. Es evidente, entonces, que dichos procedimientos han evolucionado haciendo el mejor uso de los desarrollos tecnológicos y, en fin, de las posibilidades científicas y técnicas más avanzadas.

Es pues de esperarse que, a nivel local, donde abundan las Escuelas de ingeniería Civil y de Arquitectura. Y donde, además, se asientan grandes firmas consultoras constructoras, que se estén utilizando los métodos más modernos de construcción en el desarrollo de las obras de construcción.

Desgraciadamente abundan hechos que parecen demostrar que no es así.
Recientemente, se informó que perecieron dos trabajadores al “Cerrárseles una brecha” que se estaba desarrollando en un proyecto de alcantarillado. Se trataba de un subontratista, nada menos que de la “Joya de la Corona”, las Empresas Públicas.

Según la información mostrada por los noticieros de TV, se trataba de una excavación con un entibado muy precario. Cabe entonces preguntar por las labores de revisión y control de la Interventoría.

Pero existen casos aún más preocupantes. Durante el desarrollo de la construcción del Tranvía de Ayacucho, se presentaron un sinnúmero de fallas en las construcciones vecinas, que estaban conformadas, en su gran mayoría, por viviendas construidas hace mucho, antes de la vigencia de las últimas normas de sismo resistencia.

Parecer ser que el constructor no tomó las medidas necesarias para tener en cuenta el entorno, medidas que van desde el levantamiento de las correspondientes Actas de Vecindad, hasta los reforzamientos necesarios y el control de las vibraciones inducidas por la circulación de vehículos pesados y las eventuales voladuras de rocas. Se esgrime inaceptablemente, el argumento de que se trataba de “construcciones viejas”. ¡No! Un buen constructor debe prever estas dificultades para minimizar los perjuicios a los vecinos.

En días pasados se ha presentado un fenómeno de agrietamiento repetitivo en la comunidad de Santa Elena. Actualmente, se están investigando las posibles causas, para determinar si la construcción del Túnel de Oriente puede haber sido una de las causas.

Otro caso digno de repasar es el de la construcción de pilas excavadas como soporte de las torres multifamiliares, utilizando métodos manuales que popularmente se han descrito como el “sistema “NEGRO, TARRO Y LAZO”. Supuestamente para evitar los grandes costos que implica la utilización de maquinaria y equipo propio para esas actividades, se ha buscado la utilización de una mano de obra muy barata. El problema tiene implicaciones que van desde la salud de los obreros, lo que ha llevado a que en algunos países se ha prohibido este sistema, al hecho de que sea imposible alcanzar los niveles necesarios para la cimentación, con los peligros que este hecho implica.

Resumiendo, buscando falsas economías, no siempre se están aplicando los métodos más modernos que la metodología de construcción ha desarrollado, con el consiguiente peligro con que eventualmente se amenaza a la comunidad. Esta circunstancia exige que los medios de control sean más exigentes y que tanto consultores como consultores agrupados en los correspondientes gremios asuman con mayor rigor sus responsabilidades.

NOTA: Los artículos de nuestros socios son apreciaciones de carácter personal y no siempre es la opinión de la SAI como gremio.

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